Teatro y ciudad

La ciudad es un gran escenario donde casi cada mañana inicia una función muy similar al día anterior. Escenarios y personajes perduran. Los espacios públicos urbanos (en su sentido más extenso… desde la calle hasta los estadios) se convierten en lugares donde somos espectadores de las costumbres, creencias y rituales cotidianos que nos rodean, y al mismo tiempo actuamos en ellos. ¿Quién que haya leído a Lorcano sospecha a veces que quienes se besan al fondo del vagón son amantes que escapan de sus vidas y de la Luna al trote rápido del metro? ¿Qué espectador de una obra de Becket no piensa estar viendo la segunda cuando no pasa el camión y sabe que, si no llega, igual no pasa nada? ¿No es el comercio ambulante una escena heroica de Rascón Banda? ¿O el taxi que escucha el Panda Show una extensión macabra de Alarcón y sus verdades sospechosas?

Teatro Handel

Más allá de que la ciudad en sí misma parezca un espectáculo teatral, éste (como industria y a nivel profesional) tiene cuando menos tres funciones indispensables para las urbes y sociedades de hoy día. En primer lugar, el teatro en tanto arte, retrata la sociedad que hay fuera. Muchas veces, incluso sus tramas y escenas atraviesan los espacios urbanos. Antígona, de Sófocles, aborda la insubordinación de la mujer del mismo nombre ante un rey tirano. Éste había prohibido que Polinices tuviera sepultura, pero Antígona se la da, y es sentenciada a ser enterrada viva (en cierto modo, como suele ocurrirle a la Justicia). La obra atraviesa la geografía urbana de Tebas, y son sus calles el último lugar donde vemos (y oímos protestar) a Antígona y al pueblo. En obras como Romeo y Julieta de Shakespeare, o Fuenteovejuna (una versión escrita por Lope de Vega y otra por Lorca, el primero destacando al rey y el segundo al pueblo) emplean los espacios urbanos en momentos cruciales, y reflejan cómo la rivalidad y el abuso de poder de unos acarrean la desgracia al resto de la ciudad. En el contexto de la Ciudad de México, obras como Handel (teatro documental que aborda la explotación sexual en esta capital) o Máscara contra cabellera (que mira la corrupción desde un sitio tan central como la lucha libre) también nos hacen reflexionar, en sus cuatro paredes, lo que ocurre más allá de éstas. Esto nos lleva a la segunda gran función del teatro urbano: el intercambio de ideas, una de las características que teóricos como Edward Glaesercreen esenciales para la vida urbana.

La tercera llamada que daremos para que asistas al teatro es su tercera función para las ciudades. En muchas urbes del mundo es motivo de orgullo. En el mundo hispanohablante, lidera (y lo presume) Buenos Aires, con 288 forosy 4,247 funciones en un año; no obstante, queda muy lejos de los 836 teatros parisinos y 88,458 funciones de Seúl. Ciudad de México cuenta con 158 teatros, con tres veces más por habitante que el promedio del país, y una oferta diversa y profesional.


Lo mejor de todo -> la Ciudad de México tiene excelentes precios; varios foros manejan los jueves de teatro, y el Centro Cultural del Bosque da descuentos si llegas en bicicleta.

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