Woodstock: capital de la música

En 2016 concluyó la restauración que convirtió al Circo Máximo, recinto para carreras más importante del Imperio Romano, en un museo al aire libre. Este espacio fue, con creces, uno de los de mayor capacidad por demasiados siglos. Su aforo para 250 mil (tal vez 300 mil) espectadores quintuplicó la del Coliseo, duplicó la del Estadio Maracaná y apenas se va viendo superada por competencias de Fórmula 1 como la celebrada en México… unos milenios después. Aunque los espectáculos y rituales masivos se vieron claramente afectados por períodos en que decreció la población de las ciudades (por ejemplo, la Edad Media europea o el período colonial hispanoamericano), encontraron un segundo aire con el crecimiento urbano mundial del siglo XX. Tal vez el momento más claro de resurgimiento de estas congregaciones fue, en 1969, el festival de Woodstock en Estados Unidos.

Woodstock

Planeado originalmente para 50 mil personas (lo que ya quintuplicaba eventos previos como el Monterey Pop Festival o el festival de Isle of Wight), Woodstock congregó a 400 mil jóvenes que convivieron cuatro días en un predio de 240 hectáreas. ¿A qué equivale eso en términos actuales? Por ejemplo, a la población de Belice, o a un número de habitantes igual o mayor que las capitales de unos 70 países independientes. Si pensamos todos que se hubieran mantenido en las 240 hectáreas alquiladas, la densidad sería de 610% la que hoy tiene Manhattan. No es poca cosa. La lista de presentaciones para esta multitud incluyó 31 espectáculos, iniciando con Richie Havens y clausurando con Jimi Hendrix; esto, desde luego, sin contar, todas las canciones y artistas (aficionados y consumados) que hubieran sonado en algún lugar del festival.

Desde luego, la intensa concentración de personas sin organización suficiente ni previsiones realistas de la dimensión que tomaría el encuentro derivaron en condiciones difíciles para todos (atendidas en parte por el gobierno de los Estados Unidos que soltaba víveres y cobijas desde helicópteros), además del anegamiento por lluvia. Nada de esto impidió que Woodstock se volviera un evento memorable tanto desde el punto de vista musical como demográfico (interesante tanto por la concentración de gente como por las motivaciones que llevaron a reunirse a una generación harta de la guerra y de las expectativas de la sociedad capitalista).

Muchos festivales han buscado retomar lo que Woodstock dejó en la imaginación de la gente como capital de la música y como evento memorable. Desde el festival anual del Burning man para convivir en el desierto entre arte, música y la prohibición de comprar ni vender nada (aunque la sola entrada al festival cueste poco más de 8 mil pesos mexicanos) hasta el fallido y fraudulento Fyre (por el hubo quien pagó casi un millón de pesos). Sin embargo, ni aquéllos ni la conmemoración de los 50 años de Woodstock en 2019 (cancelado finalmente) han alcanzado la concurrencia de 1969; cosa que, además, tal vez no fuera deseable tantas jornadas. En cualquier caso la edición original permanece en la memoria como la capital de la música por la población, la centralidad y la expresividad que tuvo durante esos días.


Lo mejor de todo -> el concierto con más público en la historia (3.5 millones) fue de Rod Stweart en 1994, fue en la playa de Copacabana para que nadie quedara fuera por dinero.

Lo más interesante -> Netflix produjo un documental sobre Fyre. Muestra cómo la sensación de exclusividad financió la transformación de una isla y gestó un fraude.

Incrementa tus probabilidades -> la realización de un evento masivo requiere permisos de las autoridades locales, verifica requisitos antes de emprender alguno.

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