Ciudad e innovación

A lo largo de la historia, las ciudades han sido el origen de las ideas que han engrandecido a la humanidad. Entre las primeras urbes, ocurrió desde la invención de la escritura en Mesopotamia (útil para contabilizar los recursos que se acumulaban e intercambiaban en sus ciudades) hasta el de modelos territoriales como los altepeme –plural de altépetl– en Mesoamérica (que constituían usualmente territorios donde hubiera ciudad rodeada de un relieve con distintas altitudes para obtener recursos de varios climas sin desplazarse demasiado). La innovación la seguimos viendo en las ciudades contemporáneas, donde se desarrolla software, leyes, medicinas, mecanismos financieros y todo tipo de conocimientos y sus aplicaciones.

Ciudad e innovación

Hoy día, una parte sustancial de la riqueza del mundo está sustentada en la economía basada en el conocimiento (knowledge-based economy en inglés). Es decir, depende en gran medida de saberes, información y habilidades altamente especializadas. Para poder competir en este tipo de economía, es necesario invertir en lo que se denomina capital basado en el conocimiento (que incluye investigación, información, software, patentes, procesos organizacionales, habilidades específicas y diseños), y no sólo en capital físico (es decir, maquinaria, equipo e instalaciones). Para pronto, reditúa más dinero diseñar máquinas y tener personal capacitado para usarlas, que sólo adquirirlas y no usar al máximo sus capacidades. En países como Estados Unidos o los de la Unión Europea, más del 20% del crecimiento de su productividad se explica por invertir en conocimiento. Y éste suele producirse en las ciudades. Aunque las patentes se dan en muchos sitios, las aplicaciones inusuales y verdaderamente innovadoras suelen ocurrir en poblaciones más densas.

Existen varios índices que miden cuán innovadoras pueden ser las urbes. El Índice Global de Innovación de las Ciudades 2018 (que considera el tamaño de las ciudades, su dinámica económica y su desarrollo de infraestructura favorable a la innovación) situó a la Ciudad de México en el lugar 71 en el mundo y 1° en América Latina, empatando en puntos con Buenos Aires y Sao Paulo (y otras ciudades como Bruselas, Calgary y Zurich).  Esto llama la atención porque los sistemas de innovación en México, a diferencia de otras ciudades en las primeras 100 del ranking (exceptuemos Buenos Aires y alguna otra) funciona tradicionalmente con recursos públicos; el aporte privado a ciencia y tecnología en México es del 21%. No es necesariamente negativo: bajo este modelo, podemos aspirar a una ciudad más innovadora si la ciencia está disponible para todos (no sólo para quienes la financian) y sus resultados son honestos (pues no oculta resultados contrarios a los intereses de quienes pagaron por ella). Con un mayor financiamiento público (a 2019 es menor al 0.5% del PIB nacional… una novena parte de lo que destina Israel), la Ciudad de México podría subir lugares con una economía basada en conocimientos abundantes, honestos y accesibles a todos.


Lo mejor de todo -> con una tendencia creciente a vivir en ciudades, más personas podrán aportar su creatividad al desarrollo tecnológico en las próximas décadas.

Lo más interesante -> Innovar requiere juntar gente creativa, no siempre en ciudades… por ejemplo, los fundamentos del reloj mecánico surgieron en monasterios medievales.

Incrementa tus probabilidades -> el financiamiento público de la ciencia facilita que todos conozcamos sus avances en plataformas como Toda la UNAM en línea y Redalyc.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s